Educación en

la interioridad

La educación tiene como objetivo ayudar a que los niños y los jóvenes crezcan como personas. Para serlo hay que cultivar la propia identidad, vivirnos diferentes de los otros. Necesitamos conocernos, desarrollar nuestras capacidades y destrezas, dar respuesta a nuestros interrogantes, tener nuestras metas, escoger y desarrollar nuestros valores… Para ser personas tenemos que vivirnos desde nuestro espacio interior de una forma inevitable.

Elementos del

espacio interior

SensacionEs internAS

Las sensaciones internas son el elemento más básico del mundo interior. Algo que se mueve dentro del cuerpo y podemos darnos cuenta: dolor, vibración, placer, calor…

EMOCIONES

A partir de las sensaciones corporales se accede en el mundo emocional. Las emociones son las resonancias personales y subjetivas que experimentamos respecto a los acontecimientos que vivimos, tanto fuera como dentro nuestro. Las emociones nos definen y nos mueven a la acción.

.

FantasÍa

La fantasía refleja simbólicamente aquello que nos pasa en capas más profundas. A veces, pero, la fantasía puede ser la expresión del deseo de aquello que no tengo o no soy y, en este sentido, es más bien parte del mundo exterior.

IdeAs, creencIAs Y valorEs

Son fruto del intelecto y la voluntad. Pueden formar parte del mundo interior o no. En principio provienen del mundo exterior (de la familia, amistades, educación y sociedad). Por qué formen parte del propio mundo interior hay que interiorizarlas y asumirlas individualmente. Hay que ser capaz, por lo tanto, de disentir con el entorno y con la familia. Este proceso se puede dar a partir de la adolescencia.

El mundo interior de la primera infancia (0 a 6 años)

Los neonatos no distinguen entre el propio cuerpo y el entorno. No es hasta pasado el primer año de vida que surge claramente un límite entre el propio cuerpo y el exterior. De alguna manera, nacemos sin un mundo interior definido. Es un espacio difuso, sin límites precisos.

Cuando el niño se socializa en la escuela, hacia los 3 años, nos damos cuenta que persiste todavía una ausencia de límites percibiendo con la misma entidad realidad y fantasía. Gracias a una sana fantasía, espontánea y  creativa, el niño empollará futuras creencias y se asegurará un espacio de solución de sus conflictos reales.

Objetivos de esta etapa:

1
Favorecer el desarrollo de la identidad corporal.

2
Cultivar una fantasía saludable y creativa.

3
Iniciar la gestión de las emociones básicas.

El mundo interior de la infancia adulta (6 a 12 años)

Con 6 o 7 años y la adquisición de la lectoescritura se inicia una nueva etapa en el desarrollo de los niños y, por lo tanto, de su interioridad. La inteligencia de esta etapa es concreta y se va desplegando progresivamente a lo largo de estos años hasta madurar en la adolescencia.

La infancia sana disfruta del contacto con el propio cuerpo y su crecimiento lo despliega en varias formas de actividad, especialmente mediante el juego. Este espacio de socialización los permite aprender normas y límites. Disfrutan, además, de su espacio interior, que ya distinguen de la fantasía y que expresan con naturalidad, tanto de forma directa como través de símbolos. Viven en referencia en el mundo de los adultos y necesitan sentirse seguros.

Objetivos de esta etapa:

1
Desarrollar las capacidades de atención, escucha y silencio.

2
Generar hábitos de expresión de los propios sentimientos

3
Cuidar el ambiente de seguridad afectiva.

4
Acompañar en el desarrollo del cuerpo para descubrir y explorar sus capacidades.